¿Para qué escribir?

La desigualdad en la información no solo se ve expresada en el acceso a la información, también en quien la produce y quién determina lo que circula.

Mientras diversas esferas académicas y políticas se siguen citando entre su propia comunidad, el conocimiento se sigue produciendo desde las márgenes y trata de encontrar su lugar.

Escribir es y seguirá siendo un espacio de resistencia ante el monopolio de la producción de información y la política de homogenización del conocimiento.

Escribir le da vida a los pensamientos. Cada pensamiento que se encarna en palabra es una victoria en un sistema que no quiere la articulación de ideas, que no quiere la reflexión y que no quiere el pensamiento crítico.

Escribir es el intento constante de dar vida y sostenerla.

La sobreproducción de «contenido»

Contenido y opiniones no es lo mismo que «información» o conocimiento. Nos leemos en Twitter, Facebook, WhatsApp, Instagram, intentamos leernos en LinkedIn; pero pocas veces encontramos escritura profunda, solo encontramos performance.

El ruido está presente en todas partes, vemos sobreproducción de opiniones – algunas informadas, otras no- y otras tantas son de la Inteligencia Artificial.

¿Por qué funciona? porque las dinámicas actuales privilegian la exposición y los algoritmos, antes que la atención plena y la escucha atenta. Muchos opinan sin querer escuchar, no quieren interpelarse, no se cuestionan. Asi como las noticias son de consumo rápido, las opiniones y posturas también. Ya no se requiere ni el tiempo, ni el silencio, ni mucho menos el beneficio de la duda. Información rápida, consumo rápido, respuesta rápida y reemplazo rápido.

La igualdad en la información requiere tener la libertad de pensar, de expresar, de escribir y de compartir, pero también de tener tiempo para detenerse, pensar y digerir las ideas, para poder construir nuevas o profundizarlas.

Escribir, resistir y construir

Mientras nos debatimos entre prestar atención, cuestionar, informarnos o simplemente opinar, la palabra y la escritura siguen utilizándose para justificar guerras y legitimar desigualdades. De ahí que el lenguaje, en todas sus formas, pueda ser también una forma de resistencia. Pero para que surta efecto requiere hoy, más que nunca, una curaduría precisa: escoger con cuidado lo que consumimos y lo que decidimos crear y compartir. Informar e informarnos exige responsabilidad ética, personal y profesional, para no llenar de ruido el entorno, sino aportar y construir.

Que la vida nos encuentre escribiendo o leyéndonos, pero siempre desde la profundidad, desde la crítica, desde la duda, desde el poder que tenemos para transformar el mundo, desde el deseo de querer transformar al mundo, desde todos los espacios y con todas nuestras fuerzas.