Notas Personales (Parte I)

Marzo 12, 2026

Yo no quiero… No quiero ser la experta en resolución de conflictos que es reconocida por nunca tomar partido en su vida.

No quiero ser la mediadora que nunca compromete sus opiniones en general porque le hacen creer que pierde credibilidad a futuro.

No quiero ser la abogada apolítica.

No quiero ser la profesional que para quedar bien con todos prefiere exponer sus ideas, pero no sus creencias detrás de ello.

No quiero ser la diplomática que consiguió su cargo por complacer a todos no con actos, pero sí con su silencio y sumisión.

No quiero ser la docente que predica altos estándares éticos y morales, pero que no es capaz de defenderlos fuera del aula o peor aún, contradecirlos.

No quiero ser la académica que por siempre querer tener la razón, construye argumentos dubitativos, grises, que no modifican el status.

No quiero ser la pensadora inmaculada que quiere tener todas las respuestas y por ello nunca se compromete con posturas o denuncias.

No quiero ser la «opinionióloga» de redes sociales que no se compromete con la profundidad de argumentos, con estudiar, con pensar críticamente.

No quiero ser la mujer que defiende ideales que oprimen a otras mujeres.

No quiero ser el ser humano con miedo a decir lo que piensa, incluso a equivocarse y a replantearse nuevas ideas, caminos, proyectos y sueños.

No quiero pertenecer a un partido político, pero sí a una creencia y compromiso firme e indudable con los derechos humanos, la justicia social y la igualdad. Y en ese sentido, poder verme representada en múltiples proyectos políticos o referencias que así considero que lo defienden.

Quiero tener ideas propias, dejarme guiar por mis sentimientos, mis experiencias, mis instintos, mis dudas y convicciones, pero siempre con una brújula basada en valores.

Quiero que quede claro y no haya duda jamás, de parte de un familiar, de amig@s, de una pareja, de un estudiante o de un colega: Defender los derechos humanos y abogar por la justicia social es no solo mi marco ético y moral personal, sino también mi vocación y proyecto profesional.

Para defender ello hay que tomar muchas decisiones: reconstruir el camino, evaluar las decisiones tomadas, renunciar a trabajos y no insistir en aquellos lugares que no representan más esos valores, conocer nuevas personas y también no retomar contacto con otras, abrirse a nuevos conocimientos y dudar de muchas cosas que se daban por verdaderas.

Pero también pasa por recuperar y usar la voz para visibilizar las relaciones asimétricas de poder que existen, reconocer las interacciones falsas y oportunistas, denunciar las injusticias, rechazar los genocidios y el abuso del uso de la fuerza, exigir justicia y verdad y reconocer que existen proyectos políticos y personales que favorecen ese estatus quo y que no serían posibles si no hubieran personas dispuestas a votar por ello.

A los 33 años la vida me da la oportunidad no solo de querer muchas cosas en mi vida, sino de no querer muchas otras tantas, que nunca me han acompañado o que ya no me acompañarán más.